Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor.

Si me quejo porque me acosan, que no aguanto nada; si una amiga me defiende de un acosador al que no vi, nos dicen lesbianas; si les contesto con alguna grosería, me pongo en peligro y es perjudicial; si no digo nada, me guardo el coraje, el dolor de panza y la impotencia de saber que… ¡No se vale!

Todos los días podría escribir una historia sobre el acoso que recibo al caminar en la calle. Un momento que dura tan sólo unos segundos, pero que involucra tantos sentimientos juntos que sólo quienes recibimos el acoso podemos entender. En este caso puede ser una mujer o cualquier persona que pertenezca a la comunidad LGBT.

Si pudiera describir lo que siento cuando un hombre grotescamente voltea, me chifla, me ve con ojos de lujuria, se toma la libertad de gritarme lo que se le antoje y de paso reírse y por qué no, hasta hacer una onomatopeya de animales; tal vez podría hacerlo a través de una historia que involucre un fracaso amoroso, social o personal. Y no, no crean que esté exagerando, ahora verán por qué.

Es mucho más fácil de explicar de esta forma ya que todos en algún momento hemos sufrido una desilusión personal que nos ha repercutido emocional y físicamente; y en algunos casos cargamos con ellas durante muchos años, tanto que ya no depende de nosotros eliminarla y tenemos que recurrir a terapia. Pues con el acoso pasa lo mismo. Imaginen esta escena:

Están con una persona a la que quieren mucho, están trabajando en un proyecto que les entusiasma, o serán parte de un acontecimiento social muy importante, elijan el que más se relacione en este momento con sus vidas. ¿Listos? Ahora, recuerden en las emociones que tienen al vivir esa situación (yo elegí el aspecto amoroso).

Cuando están con esa persona a quien quieren y respetan. Cada momento es paz a su lado. Se sienten libres de ser ustedes mismos, de decir tonterías y reír hasta que les duela la panza, de expresar sus ideas esperando una retroalimentación y de vez en cuando una crítica que les ayude a mejorar, y son felices de permitirle a esa persona que se exprese sobre ustedes y les diga cuánto las quiere y son felices a su lado.

Pero las cosas cambian. Esa persona de pronto ya no es la misma, su estabilidad emocional se derrumbó, sus problemas emocionales superaron la relación y cambió con ustedes. Un día llega enojadx a casa y dice: Ya no quiero estar a tu lado o la relación ya no me satisface y me voy a alejar de ti. Puede decir que encontró a otra persona y que preferirá estar con ella. Podrá decir que quiere tiempo para estar solx; o peor aún, que ya no te quiere. Esos instantes, en los que estás escuchando sus palabras tu cuerpo sufre tantos cambios y alteraciones que te provocan un malestar instantáneo y doloroso.

Te sientes ansiosx, te da frío y calor al mismo tiempo, puedes sudar y sentir nauseas; tu ritmo cardiaco aumenta, tu cuerpo produce adrenalina. Sientes coraje y tristeza. Tu mente se encuentra tan enfocada en ese momento que no siempre tienes tiempo de pensar en una respuesta inteligente y terminas agrediendo a la otra persona con palabras o acciones, o simplemente te quedas calladx sin poder decir nada.

¿Has sentido esto alguna vez? Si tu respuesta es afirmativa, entonces logré mi objetivo. Pude describir cada una de las emociones que sentimos las mujeres al ser acosadas. Crees que estoy exagerando, espero que no sea así y si me equivoco por favor ayúdame a corregir este escrito.
¿Sorprendente no? Pues ahora piensa que las mujeres podemos sentir eso varias veces al día, cada que sufrimos de acoso. Claro, estas emociones pueden ser en menor o mayor magnitud, pero el final concluye en un sentimiento del cual no puedes liberarte fácilmente: IMPOTENCIA.

Con esta descripción no quiero estigmatizar a los hombres, ni excluirlos de un problema que es de todos, porque como dice Desmond Tutu: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”. Espero que todos los días podamos elegir de qué lado estamos. Que sepamos que si acosamos el daño que causamos puede ser de por vida. Que la persona sufre alteraciones físicas y emocionales que van desgastando su estabilidad emocional y el miedo a caminar solx crece, y la esperanza de ser respetadxs se esfuma.

Pero lo que más me gustaría que sucediera es que, si algún día ven a alguien que sufre de acoso, puedan intervenir sabiendo lo que esa persona está sintiendo. No es necesario una acción grande, una mirada que le indique al acosador que sabemos lo que está haciendo y que está mal, podrá hacerlo sentir incómodo y dejará de hacer daño. Y si esta acción la multiplicamos, tal vez un día podremos lugar que las mujeres, hombres, comunidad LGBT y toda la sociedad en general, podamos caminar sin miedo en las calles.

 

Por Ale Escobedo

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2 Responses

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  1. Soledad Hernández dice:

    Me gusta el escrito.Reconocer y describir el malestar es un gran paso para la liberación.
    Me gustaría que pudiéramos dar un siguiente paso, y es sólo una propuesta que puede o no considerarse.
    Me refiero aprender a enfrentar el acoso(entre otras violencias) con la mayor asertividad posible, sobreponernos a la rabia, fortalecernos (espiritual, física y emocionalmente), para no perder el equilibrio y concretar las denuncias (sean cuales sean).
    http://taichi-unam.blogspot.com/ ;)

  2. Ale Escobedo dice:

    Gracias por tu comentario Soledad y disculpa que responda hasta ahora. La verdad es que aunque resulta agotador luchar contra un problema que parece no tener fin, si como sociedad no optamos por volvemos sensibles ante el problema y nos ponemos en los pies del otro, creo que seguiremos topándonos con Pared.

    Tal vez una sencilla solución por la que podemos comenzar es reaccionar sin agresividad ante situaciones de acoso que veamos en la calle y que ocurran contra un extraño. Si exponemos al acosador, puede suceder que éste se sienta intimidado y dejará de lastimar con el acoso a la víctima.

    Si las personas que sufrimos de acoso todos los días, nos damos cuenta que entre la sociedad hay personas dispuestas a defendernos, porque han vivido la misma situación o se sensibilizan con nostros, entonces podremos hacer una cadena de acción y comprobarle al mundo, que lo súper héroes sí existen y estan entre nosotros.

    El acoso no tiene por qué ser normal, ni parte de una supuesta cultura (piropos y machismo).
    El acoso lastima y mucho y de nosotros depende terminar con el sufrimiento del otro.

    ¿Tú qué otra acción propones?

    Saludos,

    Ale

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