De Desviaciones y Acciones

 

En el mundo actualmente somos un aproximado de 6,500 millones de humanos… ¿qué pasaría si en un momento nos encontráramos todos en un mismo lugar uno junto al otro?… seguramente nos volveríamos locos y actuaríamos de forma extraña. Por fortuna y por alguna razón que aun no entiendo muy bien, la forma en que nos encontramos distribuidos en el planeta nos ha beneficiado con un territorio mas o menos grande para la cantidad de mexicanos que habitamos en el país. Sin embargo eso no nos exime de que cada uno de nosotros presente ciertas actitudes raras consideradas como enfermedades, ya sean corporales o mentales.

Durante muchos años mi vida se había desarrollado tranquilamente en una ciudad pequeña, de unos 275,000 personas, donde la mayoría se conoce, aunque no lo suficiente. Yo lo describiría más que una ciudad como un pueblo que creció descontroladamente, pero que sin embargo no ha perdido la tranquilidad de su característico estilo de vida provincial. Hace unos meses por cuestiones de trabajo me mudé a una de las ciudades más caóticas y con más personas en el mundo… la Ciudad de México o DF o chilangolandia o defectuoso o como quieran llamarle, por lo que el uso del transporte público se convirtió en la rutina de cada día provocando que mi capacidad de asombro ante eventos inesperados resurgiera cotidianamente poco a poco.

Hace unos días mientras regresaba de mi escuela hacia mi departamento tomé el transporte público llamado “metro bus”, el cual atraviesa la ciudad de norte a sur por una de las avenidas más importantes: Insurgentes. El gobierno de la ciudad como primer muestra de una “política” de género decidió dividir el camión en 2 partes: una exclusivamente para mujeres (la parte de enfrente) y otra mixta (la de atrás), lo que a mi me parece acertado en cierta forma ya que comienza con la conciencia ciudadana semi-obligatoria ante los constantes acosos que sufren las mujeres día con día.

Regresando a la historia y dejando las efectivas o no políticas públicas… yo venia parado justo entre la franja imaginaria que divide el camión entre mixto y femenino ya que el transporte venia casi lleno . De pronto en una estación se subió un hombre de unos 35 años, 160 cm de estatura, cabello corto, anteojos, un traje de color beige desgastado y sucio de puños y cuello, zapatos negros, camisa azul y corbata floreada roja con blanco al mismo estilo de los años 70’s, parecía una persona común y corriente.

De la puerta donde había abordado al lugar donde estaba yo había unos 3 metros y entre nosotros unas 10 personas que obstruían el camino, de repente extrañamente el hombre comenzó a caminar hacia donde estaba yo, se me hacia raro porque donde estaba él había mas espacio que hacia donde se dirigía, eso llamó mi atención y comencé a observar cómo poco a poco iba llegando justo a lado mio. A pesar de que nunca deje de observarlo nunca me miró a la cara ni a la de nadie en su trayecto por lo que despertó en mi algunas sospechas, no actuaba normal.

Se paró justo enfrente de mi a unos 30 centímetros,su actitud era nerviosa, como si fuese a hacer algo y no quisiera saber que alguien lo estaba observando. Yo estaba parado justo atrás de un par de asientos donde una madre y su hija de unos 17 años iban sentadas platicando, ellas no se podían percatar de todo lo que yo había observado.

El hombre se sujetó del asiento donde estaba sentada la joven y sacó un bolígrafo, -yo no dejaba de observar todos sus movimientos- fue pegando su cuerpo al asiento hasta que quedó con cierta perspectiva para poder ver el escote de la joven. Ya que había logrado estar cerca de la joven y con el panorama que quería y necesitaba, levantó la pluma hasta tenerla a la altura de su pecho y presiono la parte superior… era un pluma con cámara para grabar en video.

Inmediatamente me di cuenta de cual era su intención; grabar el escote de la joven donde se podía observar parte de su busto. Su mano temblaba mientras sostenía la pluma, seguro la descarga de adrenalina que estaba sintiendo y su desviación por grabar ese tipo de cosas lo tenia excitado, a mi me parecía detestable lo que estaba haciendo por lo que decidí “entrar en acción”…

Saqué mi teléfono celular, y aunque no fui a la aplicación de la cámara, como si estuviese grabándolo lo puse a unos 15 centímetros de su rostro, inmediatamente se sintió atacado pero no se atrevió a voltear a verme, simplemente guardó la pluma y comenzó a rascarse la cabeza. Yo pensaba que era una buena lección para que sintiera lo que se sentía ser grabado. Cuando dejo de grabar con su pluma, esperé unos 10 segundos y también guarde mi teléfono. Nadie se daba cuenta, todos iban enfocados en lo suyo y yo creía que era increíble que solo yo me hubiese percatado.

Cuando guarde mi teléfono, él volvió a tomar la pluma de la bolsa de su pantalón e incluso la acerco más a su objetivo, me pareció atrevido y sabía que no lo dejaría de hacer, por lo que volví a tomar mi teléfono y le pregunte en voz alta si la cámara con la que estaba grabando el escote de la joven tenía mejor resolución que la de mi teléfono.

Se sorprendió y la gente alrededor no se inmutó, nadie dijo nada, como si el tiempo se hubiese detenido él me volteo a ver, guardo su pluma y comenzó a alejarse hacia la puerta por la que había entrado, la cantidad de personas que había no se lo permitían por lo que le repetí mi pregunta y agregué que no era tan agradable cuando todos sabían lo que él hacía. La madre y la joven voltearon a verlo sorprendidad pero tampoco dijeron nada, él volvía a evadir mi mirada y las demás personas volteaban hacia todos lados como si quisieran no participar en la situación.

Por tercera vez le repetí mi pregunta y le exigí que me contestara, el camión había llegado a una estación, se abrieron las puertas y él salió corriendo sin contestar a mi pregunta. Después de los 5 segundos que duran las puertas abiertas el camión arrancó otra vez y todos continuaron como si nada hubiese pasado.

Yo me quedé intranquilo ante la apatía y desinterés de la gente ante este tipo de situaciones, sin embargo al final, todo continúa… las personas olvidan, suceden cosas más importantes o simplemente no quieren tener problemas.

Yo sin embrago pienso y seguiré actuando de la misma forma ante conductas que me parezcan poco apropiadas, las consecuencias serán distintas pero no me imagino en un mundo donde trate de evadir mis pensamientos y sentimientos, si alguien puede… que me explique cómo lo hace para entender a la gran mayoría de los 6, 500 millones de personas de este mundo… así mi vida sería menos complicada y yo dejaría de conflictuar mi existencia día a día.

Miguel Angel Zeron Cid

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4 Responses

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  1. Iris dice:

    Hola me parece genial lo que hiciste y también que te intereses, es verdad, la mayoría de las personas son indiferentes a lo que no les afecta directamente e incluso a veces prefieren ignorar cosas que les afectan, se vuelven insensibles, y no son capaces de ver más allá de lo evidente.

  2. Maria dice:

    Es muy triste, frustrante y ofensivo que ocurren estas cosas. Efectivamente, pareciera que la gente se le va haciendo común todo y dejar que las ofensas y las agresiones pasen. Esto es una manera de perpetuarlas. ‘¿Por qué no tod@s reaccionamos de manera protectora, solidaria y cuestionamos, actuamos para poner atención y un fin a todo este caos social que perjudica a todos? Es permitir que los sentidos se desborden sin medida y se tornen en abuso contra l@s demás.
    Maria

  3. Fran dice:

    Gracias Miguel Ángel. Gracias. Sí vale la pena arriesgarse por l@s demás. Sí, gracias.

  4. Ara dice:

    como me gustaría que hubiera más personas como tú, tomando acción, haciendo un cambio, qué chido!

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